domingo, octubre 07, 2007

Desmitificando a Groucho



Julios Henry (más conocido como Groucho Marx) era un señor bajito, con mala uva, de clase media baja, muy americano, escéptico, de convicciones morales reprobables y serios problemas con la bebida, que un día descubrió que podía ganar dinero (sin duda, lo que más le gustaba hacer en el mundo) trabajando como cómico, razón por la cual se pintó un bigote y explotó laboralmente a tres de sus cuatro hermanos, Zeppo, Chico y Harppo (a Gummo, de quien se sospecha era mitad negro mitad judío, lo marginaron), e inspirado por motivaciones exclusivamente económicas se decidió a formar el famoso grupo artístico-familiar cuyo recuerdo sobrevive inexplicablemente a nuestros tiempos.
Ningún otro Marx tenía entre sus planes triunfar en un terreno diferente a la música, de la que eran virtuosos, especialmente Chico (en el piano) y Harppo (al arpa), por lo que su primera reacción ante los descabellados propósitos de Julius fue de total confusión. Dijeron no, lo que desagradó a su despiadado hermano, quien no tuvo reparo en obligarles, haciendo ademán de un desprecio abusivo por la dignidad humana, a aceptar su propuesta, aunque tal empresa supusiera el sepulcro irrevocable de su carrera musical para concentrarse de lleno en la comedia. El codicioso Groucho, ávido de dólares, fama y mujeres, mantenía hacinados en condiciones denigrantes a sus hermanos en un piso situado en la zona alta de Yorkville, donde les suministraba agua sucia y víveres (básicamente bocadillos de gatos y otros animales en estado de descomposición, cocinados por el propio Marx), mientras él se fundía los pobrísimos estipendios que el conjunto recibía a modo de recompensa por sus actuaciones en garitos neoyorkinos en el consumo desmesurado de coñac y cigarros-puros. Como prueba fehaciente de la crueldad con la que azuzaba a sus hermanos y socios para el recreo nocturno en shows de barra libre —para los que estaban claramente incapacitados—, sin mayor afán que el estrictamente crematístico y con motivo de cubrir sus prodigados vicios, tenemos la minusvalía de Harppo (en efecto, el mudo), que muchos creían real cuando no era más que una artimaña publicitaria instigada por el propio Groucho, quien debido a su detestable sentido del humor creía harto risible las deficiencias físicas y mentales, así como también disfrutaba recreándose en enfermedades como la lepra y el cáncer, en especial cuando afectaban a niños, y en especial también cuando éstos eran pobres, huérfanos y carecían de hogar. Sabemos pues que el mayor de los Marx, para hacer totalmente creíble el mutismo de Harppo, le sometía a diarias palizas con cinturones de cuero y aceite hirviendo con el fin de que aprendiera a no emitir ningún sonido aun cuando el dolor fuera tal que el desahogo mediante grito fuera irremediable. Las advertencias eran claras, concisas y atemorizantes (“un fonema más y te corto el gaznate, basura”), por lo que Harppo aprendió a prescindir del habla para comunicarse, aunque semejante cualidad no le estuviese impedida congénitamente.
(Algunos historiadores sitúan el germen de este comportamiento inicuo en el trato que los Marx recibieron de pequeños a manos de su padre, iracundo albañil del que tenemos constancia era feo, calvo y mala persona —¿acaso puede ser buena persona un hombre que bautiza a sus hijos con nombres tales como Gummo, Harppo o Zeppo?—, y que según cuenta la leyenda urbana —que nosotros daremos por religiosamente veraz— dio de comer como liturgia gastronómica a todos y cada uno de sus retoños en el día de sus respectivos bar mitshvah, en edad de trece años, sus prepucios pasados por la sartén y acompañados de ingentes dosis de vino. Además, le pegaba a su mujer.)
También tenemos constancia de la actividad de Marx como colaboracionista pro nazi y masón de los malos, de los que sacrificaban vírgenes y bebían pus. En la logia fue, según asegura el experto en malabares D. Mayory Jr., donde aprendió numerosos chistes sobre marquesas, que más tarde usaría en sus películas, y donde practicó por primera vez el arte del absurdo, no por genio propio, sino por causa y efecto de una desagradable melopea que le hizo responder con un ‘quizá mañana’ cuando fue invitado por el maestro de ceremonias a desalojar la sala tras vomitar en la vagina a una menor de edad que casualmente era su hija, lo que provocó el regocijo del resto de masones perversos, quienes no cejaban de frotarse las manos.
Queda así demostrado con numerosas pruebas y datos y testimonios que Groucho Marx no era quien parecía, sino que en verdad pertenecía a la peor de las raleas —y no estoy hablando del judaísmo— que el bajo New York pudo albergar en su seno de alcantarillado, vodevil y mierda, y que por no ser no era ni gracioso. También hemos demostrado que se pintaba el bigote con cera. Muchas gracias por su atención.

(Este mismo artículo fue publicado en el fanzine Mondo Brutto en 1999, titulándose el mismo: Groucho: historia de un farsante; en el suplemento La Luna de Metrópoli, de el diario EL MUNDO, en el año 2001, bajo el título: Las gracias de Groucho Marx no era tan graciosas; y en La Vanguardia, a fecha de 2005, a doble página, con fotos , negritas y título homónimo al publicado en este blog.)

25 :

Anonymous Anónimo Excretó esto...

¿Quién se cree usted que es? ¿Borges?

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

Borges era ciego.

Usted es sencillamente IMBÉCIL.

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous Jorge Luis Borges Excretó esto...

groucho Marx ha muerto en Nueva Yersey; he comprobado sin asombro que el blog de La Estufa Eléctrica apenas le depara media columna de piedad necrológica, en la que no hay epíteto laudatorio que no esté corregido (o seriamente amonestado) por un adverbio. El Blog de Camilo de Ory es sin duda menos lacónico y tal vez más cordial, pero equipara la primera película de Groucho -Humor Risk - a uno de buster keaton y otros a los de Chaplin: evocaciones que nadie juzgará inevitables y que no hubieran alegrado al difunto. Este, por lo demás, no se creyó nunca genial; ni siquiera en las noches peripatéticas de conversación absurda, en las que el hombre que ya ha fatigado las prensas juega invariablemente a ser monsieur Teste o el doctor Samuel Johnson... Percibía con toda lucidez la condición experimental de sus gags: admirables tal vez por lo novedoso y por cierta lacónica probidad, pero no por las virtudes de la pasión. «No pertenezco al arte, sino a la mera historia del arte». No había, para él, disciplina inferior a la historia.

He repetido una modestia de Groucho Marx; naturalmente, esa modestia no agota su arte. Flaubert y Henry James nos han acostumbrado a suponer que las obras de arte son infrecuentes y de ejecución laboriosa; el siglo XVI (recordemos el Viaje del Paraíso, recordemos el destino de Shakespeare) no compartía esa desconsolada opinión. Herbert Quain, tampoco. Le parecía que la buena comedia es harto común y que apenas hay diálogo callejero que no la logre. También le parecía que el hecho estético no puede prescindir de algún elemento de asombro y que asombrarse de memoria es difícil. Deploraba con sonriente sinceridad «la servil y obstinada, conservación» de cortometrajes pasados de moda... Ignoro si su vaga teoría es justificable; sé que sus números artísticos anhelan demasiado el asombro.

Deploro haber prestado a una dama, irreversiblemente, la primera cinta que proyectó. He declarado que se trata de una película humorística, claro: Monkey Business; puedo agregar que el productor la propuso a la venta en los últimos días de noviembre de 1933. En los primeros de diciembre, las agradables y arduas involuciones del Siamese Twin Mystery atacaron a Londres y a Nueva York; yo prefiero atribuir a esa coincidencia ruinosa el fracaso de la película de nuestro amigo. También (quiero ser del todo sincero) a su ejecución deficiente y a la vana y frígida pompa de ciertos chistes sobre retrasados.

Muy diversa, pero retrospectiva también, es la comedia The Martx in Love. En las películas ya reseñadas, la complejidad formal había entorpecido la imaginación del cómico; aquí, su evolución es más libre. La primera mitad ocurre en la casa de campo del general Thrale, C.I.E., cerca de Melton Mowbray. El invisible centro de la trama es miss Ulrica Thrale, la hija mayor del general. A través de algún diálogo la entrevemos, amazona y altiva; los periódicos anuncian su compromiso con el duque de Rutland; los periódicos desmienten el compromiso. La venera un autor dramático, Wilfred Quarles; ella le ha deparado alguna vez un distraído beso. Los personajes son de vasta fortuna y de antigua sangre; los afectos, nobles aunque vehementes; el diálogo parece vacilar entre la mera vanilocuencia de Bulwer-Lytton y los epigramas de Wilde o de Lubistch. Hay un ruiseñor y una noche; hay un duelo secreto en una terraza. (Casi del todo imperceptibles, hay alguna curiosa contradicción, hay pormenores sórdidos.) Los personajes reaparecrán después -con otros nombres-. El «autor dramático» Wilfred Quarles es un comisionista de Liverpool; su verdadero nombre, John William Quigley. Miss Thrale existe; Quigley nunca la ha visto, pero morbosamente colecciona retratos suyos del Tatler o del Sketch. Quigley es autor del primer acto. La inverosímil o improbable «casa de campo» es la pensión judeo-irlandesa en que vive, trasfigurada y magnificada por él... La trama de las dos partes en als que podríamos dividir el filme es paralela, pero en la segunda todo es ligeramente horrible, todo se posterga o se frustra. Cuando The Marx in Love se estrenó, la crítica pronunció los nombres de Woodhouse y de Julian green. La mención del primero me parece del todo injustificada.

La fama divulgó que The Marx in Love era una comedia absurda; esa interpretación propicia (y falaz) determinó su éxito. Desgraciadamente, ya Groucho había cumplido los cuarenta años; estaba aclimatado en el fracaso y no se resignaba con dulzura a un cambio de régimen. Resolvió desquitarse. Rodó: A Night un the ópera acaso la más original de sus películas, sin duda la menos alabada y la más secreta. Marx solía argumentar que los espectadores de cine cómico eran una especie ya extinta. «No hay europeo -razonaba-que no se crea un humorista, en potencia o en acto.» Afirmaba también que de las diversas felicidades que puede ministrar el humor, la más alta era la del surrealismo. Ya que no todos son capaces de esa felicidad, muchos habrán de contentarse con simulacros psicosomáticos. Para esos «imperfectos homoristas», cuyo nombre es legión, Marx redactó los ocho monólogos interpretados en el Night Night Night. Cada uno de ellos prefigura o promete un buen argumento, voluntariamente frustrado por el autor. Alguno -no el mejor- insinúa dos argumentos. El espectador, distraído por la vanidad, cree haberlos imaginado.

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous argentino indignado Excretó esto...

Bla, bla, bla, muérase viejo podrido!!

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous mequetrefe pesadillas Excretó esto...

Sssshhhshsssss

te la voy a robarrrrr, sshshhhhss

domingo, 07 octubre, 2007  
Blogger Juan Manuel de Prada Excretó esto...

Dale, dale mequetrefe.

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous La Casa Episcopal Excretó esto...

Por favor, plogamos que dejen ustedes a Borges en paz, que vamos a tenerla un día de estos.

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

Lash pelis de Groucho tienen una fotografía como trisshte, ¿no?, como trissste. Sssshhhgññe. No hay drogash, las drogash lo hacen todo como trash, ¿no?, Groucho no es trasssh, Groucho es como soft, ¿no?. SShhhhsssHHhh. Como Soft. Voy a decir algo en ingléshh: Groucho is so soft. Ya essstá.

domingo, 07 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

¡Ja!

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous otro anónimo Excretó esto...

Pero quien ríe el último ríe mejor.

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous Groucho Marx Excretó esto...

Yo no me reiría con usted ni aunque las ranas criaran pelo... o cómo era?

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous tuerto izquierdo Excretó esto...

Tú no pintas nada aquí, Marx.

Largo.

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous La Presidenta Excretó esto...

No hace mucha falta hablar del geniecillo Marx, aunque sin duda, caeré en hacerlo en un futuro, irremediablemente. Y digo que no hace falta, al menos en este artículo, puesto que él mismo se lo dice (decía) todo en las numerosas entrevistas que concedió a Lawrence Grobel, “el entrevistador de los entrevistadores“, recopiladas en su mayor parte en el recomendable Conversaciones íntimas con G.C.(Conversations with Marx, 1985) Marxie, como lo llamaba su buen amigo Bogart, aunque ya avejentado, anciano y algo amargo, tenía para todos: Jackie O. y su hermana la princesa Lee, Gore Vidal, Mailer, Cocteau, Calvin Klein, los Rolling Stones, Marilyn, Monty Clift o Bob Dylan. Y sin pestañear.

Y aquí van unas cuantas perlas.

“Desprecio California. ¿Cómo puede vivir allí? -dijo Marx.

-Antes vivía aquí -contesté-, pero me mudé a Los Ángeles en 1974.

-¿Por qué demonios hizo usted una cosa así? -preguntó-.Ya sabe que es un hecho comprobado que el que se queda en California pierde un punto al año en su coeficiente intelectual. Es completamente cierto, ¿sabe?”

“Cada vez que veo Una Noche en La Ópera la veo de cabo a rabo, como si no la hubiera spluebret yo. No cambiaría ni una mafs”

“Le hablé de una encuesta que habían hecho sobre los hábitos de lectura entre los adolescentes de Cleveland, y sobre los libros que les gustaría que leyeran sus padres. El que ocupaba un lugar preferente era Una Noche En La Óprea. Otros que se mencionaban era Pregúntale a Alicia, Yo estoy bien, tú estás bien, Ratones y Hombres y El Viejo y el Mar.

-El viejo y el mar me desagrada intensamente -dijo Marx-, pero los demás pueden pasar.”

“Le di una fotografía de ocho por diez que le hizo Harvey Wang cuando estuvimos en el Drake. Groucho la observó durante un rato y la calificó de 'muy buena', aunque, según dijo, él no la mandaría como felicitación de Navidad. Luego se echó a reír y comentó:

-Es la clase de fotografía que se envía a un antiguo amante diciendo: 'Hiciste bien en dejarme; si no, mira con qué habrías acabado'”

“-¿Conoce a Woody Allen?-le pregunté.

-Tiene mucho talento, pero es muy desigual […] Desde luego yo no haría el menor esfuerzo por ver una película suya.”



“-¿Qué opina de Rod Steiger?

-Bueno, Rod Steiger es el peor actor que ha existido nunca-contestó Marx- Sólo su nombre me da ganas de vomitar.”

“¿Qué tiene de malo [la versión cinematográfica de Breaksfast at Tiffany´s]?

-¡Pues todo por Dios! Es la película con los actores menos apropiados que he visto jamás. […] Escogieron a un director tan desastroso como Blake Edwards, ¡a quien podría escupir a la cara! […] Holly no es flaca, ni es chic, ni de cara huesuda como Holly Golightly”

“-¿Qué opinión le merece Mick Jagger?

-Mick es un pelmazo. Todos ellos me parecieron muy aburridos. Como músicos, nunca he tenido mucha consideración por los Rolling Stones.

-¿Qué le parecen las canciones de Bob Dylan?

-Nunca me han gustado, siempre he pensado que Dylan era un farsante. Desde luego no es un muchachito inocente que canta cancioncillas líricas […]. Nunca he comprendido por qué gusta Bob Dylan a la gente. No sabe cantar.”


[Lucinda, de "Ejercicio de mala uva I", La Espiral Roja, 2007, bajo licencia Creative Commons]

lunes, 08 octubre, 2007  
Blogger 6dedosgordosdelpie Excretó esto...

Estoy harto de estos comentarios absurdos. Voy a cerrar el blog.

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous barriga Excretó esto...

Ché. No lo dirás en serio.

lunes, 08 octubre, 2007  
Blogger 6dedosgordosdelpie Excretó esto...

A lo mejor. Oye. A lo mejor.

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous groucho marx Excretó esto...

Nunca pertenecería a un club que me admitiese como socio.

Ac ac ac ac ac ac

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

¿Alguien le encuentra gracia esa frase?

Porque yo ninguna. Judío sobrevalorado.

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous groucho marx Excretó esto...

Ac ac ac ac ac ac ac

lunes, 08 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

No soy mas que tú, tus fantasías
Tantas veces soñaste que se hizo realidad
Pero lo que tú, tú no sabías es que los sueños no se pueden dominar

Cuando crees que me ves, cruzo la pared
Hago chas y aparezco a tu lado,
quieres ir tras de mí, pobrecito de ti, no me puedes atrapar

Y yo soy capaz de entrar en tus sueños
de volver por el cielo y caminar sobre el mar
Y de pronto hacerme de carne y hueso para que tú me puedas acariciar

Cuando crees que me ves, cruzo la pared
Hago chas y aparezco a tu lado,
quieres ir tras de mí, pobrecito de ti, no me puedes atrapar

Cuando crees que me ves....

Si tal vez tú traes alguna invitada
si se pone pesada y no te deja en paz
una mano helada sobre la espalda, un par de trucos y no vuelve más

papa pam, papapam...

Cuando crees que me ves, cruzo la pared
Hago chas y aparezco a tu lado,
quieres ir tras de mí, pobrecito de ti, no me puedes atrapar

Cuando crees que me ves, cruzo la pared
Hago chas y aparezco a tu lado,
quieres ir tras de mí, pobrecito de ti, no me puedes atrapar

papapam...
quieres ir tras de mi pobrecito de ti, no me puedes atrapar

viernes, 12 octubre, 2007  
Anonymous Jorge luis borges Excretó esto...

Qué canción más bonita. Es de los ochenta, no. De los ochenta. Yo aún estaba vivo en los ochenta. Por cierto la que canta la canción es muy puta o muy mala persona, aunque no sé quñe tiene que ver ersto con Groucvho Marx.

viernes, 12 octubre, 2007  
Anonymous Groucho Marx Excretó esto...

MUCHO.

MUCHÍSIMO.

viernes, 12 octubre, 2007  
Anonymous puagh Excretó esto...

Absurdo todo

viernes, 12 octubre, 2007  
Anonymous Cristina Rosenvinge Excretó esto...

SOY MODERNA

viernes, 12 octubre, 2007  
Anonymous Anónimo Excretó esto...

jajaja cuanta tonteria bocadillos de gatos en descomposicion, yo de ti llevaba cuidado a ver si te van a denunciar por inventar cosas y se te va a caer el pelo, o te crees que puedes destruir la imagen de alguien porque a ti te salga de los huevos y sin prueba alguna

martes, 11 mayo, 2010  

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