viernes, agosto 11, 2006

Arpas, disonancias y claroscuros (parte III).


Escenas ilustras del cine clásico.
Hoy: Alfred Hitchcok

"El público debe sufrir tanto como sea posible."

"Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático… Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe… ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés. Ése es, para mí, el poder del cine"

"No hay ningún terror en un disparo, sino en la anticipación a él"
"El MacGuffin es lo que buscan los espías pero al público no le interesa"

"La televisión ha devuelto al crimen a su origen: el hogar"

Psicosis (1960)


Sobran las palabras...pero no las imágenes:
La psicótica guía de Sir. Alfred.
¿Te suena? Todo empezó aquí...
Vértigo.
Los pájaros.
La ventana indiscreta.

2 :

Blogger Roque Excretó esto...

Me ha encantado lo de viejo verde. la verdad es que lo había pensado muchas veces, pero nunca lo había visto tan bien reflejado

Un saludo

miércoles, 16 agosto, 2006  
Anonymous Alex Excretó esto...

Todos somos viejos verdes... Como diría Woody Allen, no se trata más que de una cuestión de tiempo. Pero es que el tío Alfred lo era ya con veinte años. Nació fisicamente viejo, las chicas le despreciaban por su obesidad y él decidió vengarse a su manera.

Creo que el mejor artículo que he leído sobre él se lo dedicó el director Ricardo Franco. Incidió en que el cine de Hitch era una extensión de su odio por la humanidad... y era así en realidad.

No sé si conoce esta anécdota suya; Como católico practicante solía acudir a una popular iglesia católica de L.A. cada domingo. En una ocasión su esposa enfermó con lo que tuvo que asistir solo. Su esposa le pidió un taxi que le dejó en la puerta del templo justo a tiempo de ver el rito dominical. Tras éste, Hitch conversó con algunos conocidos para unos minutos después encarar el regreso a casa... Apenas caminó unos metros, se detuvo frente a un semaforo y se desplomó en el suelo temblando y musitando el nombre de su mujer. Los que le recogieron aseguran que no era más que un niño asustado que no sabía siquiera cruzar una carretera, mucho menos pedir un taxi.

Dicho esto, puede añadir a su perfil que el gordo inglés era además un asustadizo niño castrado por su esposa (probablemente también por su madre).

Por cierto... Tuvo una hija, Patricia, a la que se cargó en "Extraños en un tren"... Seguro que Freud tendría algo que decir al respecto.

sábado, 19 agosto, 2006  

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